Los intangibles

Según los científicos, el número de elementos que las personas podemos percibir y medir es muy pequeño en comparación con el número de intangibles que existen. El rango de frecuencias de sonido, por ejemplo, que podemos escuchar es incomparable con los ilimitados tipos de sonidos inaudibles. Lo mismo sucede con nuestra visión, capaz de captar sólo un minúsculo rango de las longitudes de onda existentes.

Pero ¿hasta qué punto nos afectan los intangibles? Para responder a esta pregunta podríamos sencillamente citar el reciente desplome de las acciones de Facebook tras el escándalo por la filtración de datos durante la campaña electoral en EE. UU., y cómo, poco tiempo después, su cotización volvió a subir un 4,50% en Wall Street tras la comparecencia de Mark Zuckerberg ante el Senado. Millones de dólares cambiaron de mano en pocas horas por una cuestión de imagen, reputación u opinión.

Desde la psicología organizacional se analiza la influencia de los activos intangibles en la productividad de las empresas. Hasta ahora, estas cuestiones se habían mantenido en un segundo plano. ¿La causa? -Que no son fácilmente identificables ni cuantificables-. Pocos programas formativos incluyen los intangibles dentro de sus currículos, quizá por la dificultad para ser evaluados o medidos. Pero, como reza la frase: “No todo lo que cuenta puede ser contado, ni todo lo que puede ser contado cuenta”.

Mckinsey, una consultora estratégica global que se focaliza en resolver problemas concernientes a la administración estratégica de las mayores empresas de negocios del mundo, afirma que los focos de creación de valor en una organización no provienen del capital sino de las personas (y en concreto de su conocimiento). También sugiere que los sistemas de medición de los beneficios de una empresa necesitan una actualización urgente.

El intangible más importante de una organización, como decíamos, tiene que ver con el conocimiento que almacenan sus trabajadores. Y este ni siquiera es propiedad de la empresa. También hemos de contemplar el uso de los procesos y las metodologías, de la tecnología (software o patentes tecnológicas), del valor de su cartera de clientes, de la reputación de la marca, y de la capacidad de innovación e investigación.

Optimizar los intangibles de la organización implica identificarlos y evaluar su estado mediante mapas de conocimiento crítico y auditorias de conocimiento, explotarlos para aumentar los ingresos y disminuir los costos reduciendo los errores y acortando los tiempos, así como protegerlos e incrementarlos.

El éxito de cualquier organización depende de aprender a gestionar sus intangibles. Pero esto no sólo podemos aplicarlo a las empresas, sino también a nuestra propia vida, en lugar de medir nuestro éxito personal con unas pocas cifras.

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